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¿Nervioso por ver a la Guardia Civil o porque llevas droga?. Curiosidades del programa 'Control de fronteras' de DMAX

Millones de personas pasan cada año por el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas. Allí trabajan los agentes del servicio Fiscal y de Aduanas de la Guardia Civil.

Guardia Civil 23/09/2022 GDH Digital GDH Digital
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Una agente inspecciona una bolsa en 'Control de fronteras', de DMAX

Tras seis temporadas mostrando el día a día de las personas que vigilan nuestras fronteras, la popular serie producida por "Crop TV" para Discovery, regresa al canal de Veo TV con nuevos episodios que descubrirán al público nuevos e insólitos casos reales que se producen en los controles de seguridad de aeropuertos, puertos y otros puntos de entrada al país. Además, en esta temporada rodada en la primera mitad de 2022, los espectadores comprobarán cómo ha afectado al trabajo de vigilancia en las aduanas la incorporación de nuevos protocolos higiénico-sanitarios y de seguridad a raíz de la pandemia global de Covid, según avanza el canal.

Conchi Fernández es de Écija, provincia de Sevilla, tiene 39 años y lleva en la Guardia Civil desde 2009. Ahora pertenece al Servicio de Fiscal y Fronteras Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas. Su carácter calmado pero firme la hace ideal para una función como la que realiza y en la que está contenta. 

La invitación para participar en el programa le llegó a través del servicio de protocolo de la benemérita. "Mis superiores nos dieron la opción a los que estamos allí prestando servicio de voluntariamente colaborar en el programa", hace ver, algo que ella aceptó porque era "una oportunidad muy buena de dar a conocer los servicios que prestamos la Guardia Civil y para que los ciudadanos los conozcan más de primera mano".

"Por lo común cuando un ciudadano piensa en la Guardia Civil se lo que se viene a la cabeza son los compañeros de tráfico, pero tenemos una amplia variedad de especialidades y hacemos unas labores y funciones muy diversas, que a lo mejor los ciudadanos no conocen tanto", dice la agente.

A pesar de estar grabándose, su trabajo no pierde ni un ápice de profesionalidad ni de validez legal. "Yo estoy realizando mi trabajo tal cual, igual que cualquier otro día, solo que solo que tengo un micro y hay unos señores detrás de mí, pendientes en todo momento de lo de lo que yo realizo". Eso sí, reconoce "hace el trabajo más divertido". 

Las seis temporadas han dado experiencia al equipo para no interferir con el trabajo de la Guardia Civil. "El equipo que viene a grabarnos es súper respetuosos y lo hacen todo muy, muy fácil para que precisamente no haya esa diferencia y yo no me sienta incómoda o me sienta cortada. Hay ciertos matices, como que si estamos grabando en cierto momento, pues a lo mejor tengo que hacer las cosas un poquito más despacio no afecta prácticamente a nada".

La familia de Conchi llevó bien la noticia de que saldría en la tele. "Mi hermana es fanática del programa, yo no sabía que era tan fan, pero cuando comenté que iba a salir en el programa ella fue la primera que se volvió loca. Así que muy bien, muy contentos", confiesa la agente.

En contra de lo que podría parecer, la gente se toma bastante bien que abran su maleta delante de las cámaras, según explica Conchi. "La verdad es que hay reacciones de todo tipo. A mí me ha sorprendido, porque es el primer año que lo hago y espero poder hacerlo otras veces, que la mayoría de la gente cuando ve que están las cámaras y ve el programa colabora aún más", revela.

Eso sí, no suelen ser los que llevan cosas "graves", sino gente que lleva, por ejemplo, "alimentos que no se deben de llevar, y por el simple hecho de estar ahí en las cámaras y de poder participar ellos también en el programa hay gente que incluso colabora más".

Eso sí, si alguien se niega en redondo a salir en cámara, se para de grabar y la agente sigue haciendo su trabajo exactamente igual

Tratar con una persona a la que paras, abres la maleta o incluso le retiras pertenencias no es fácil y requiere templanza y psicología, algo que está previsto. "Desde el momento en que entras a la Guardia Civil y entras a la Academia ya te van dando formación. En cuanto al aspecto psicológico o de cómo tratar con el ciudadano, cuando entras a trabajar en el servicio fiscal en el aeropuerto esa formación se intensifica", expone la agente, que hace ver que en este trabajo "hay que tener más paciencia y la Guardia Civil se encarga de dar una formación específica para eso"

Aún así, cada persona y cada policía es un mundo. "Cada persona tiene un carácter, tiene una forma de ser y además en los diversos cuerpos policiales van buscando perfiles, eso es lo que los hace ricos y diversos", hace ver Conchi. 

"En mi caso personal, sí que es cierto de que yo suelo ser una persona muy calmada, que antes de reaccionar se toma unos segundos para respirar, conectar y luego reaccionar, porque creo que es una cosa muy importante, no solamente a nivel laboral sino a nivel personal. Trabajar en tu interior, por así decirlo, hace que luego tanto las relaciones personales, y por supuesto las laborales sean mucho mejores", enfatiza. 

Y es que, al final, se trata con personas. "Cuando empecé a prestar servicio aquí me di cuenta de que una maleta es una vida prácticamente, casi que te cuenta la vida del pasajero y eso me llama mucho la atención", explica la astigitana. 

En el servicio de Fiscal y Fronteras se aprende mucho de otras culturas. "Es que la gente es increíble, lleva de todo. La carne de mono, aunque ya saliera en otra temporada, no es que le saliera una vez a aquel compañero, es que es una cosa habitual", explica.

"Me llama la atención ver cómo se alimentan en otros sitios, porque hay por ejemplo un pescado que viene de África, que para ellos es una cosa muy premium, que viene envasado al vacío y viene con gusanos, o sea, ya viene en estado de descomposición y se lo comen así", expone la agente.

Los tubérculos, las patatas, son lo más común que se encuentran y que no puede pasar por la frontera. "Vienen con tierra y con la intención de plantarlo, y los portadores no son conscientes de que puedan romper todo el ecosistema", pone de manifiesto Conchi.

En el Aeropuerto de Barajas, donde por cierto, trabajan hasta 120 mujeres guardias civiles, hay veces en las que lo que portan los pasajeros, como puede verse en Control de Fronteras, es delictivo y entonces la cosa se pone seria

"Evidentemente no es una situación agradable comunicar a una persona que ha cometido un delito tan grave que se le va a privar de libertad, pero se hace sin dejar de darle un trato humano. Evidente le vamos a tratar bien, pero nosotros sabemos que debemos ser siempre firmes en hacer cumplir la ley", explica Conchi sobre la manera de enfrentarse a esa situación, entre humana y legal: "Tenemos que mantener ese equilibrio entre empatizar con una persona que ha cometido un error y que nosotros estamos aquí para hacer cumplir la ley", hace ver. 

Y llegamos a la parte en la que los agentes de Aduanas desarrollan el instinto para parar a unos pasajeros u a otros, algo que depende mucho de los vuelos de los que procedan y otros factores prácticos, pero también de la experiencia. 

"Entre la formación que nos dan, el apoyo que recibimos de los compañeros más veteranos y la experiencia, al final hay veces que ves una maleta y parece que tú mismo lo estás pasando por el escáner antes de pasarlo de verdad. Ya ves una maleta, dices 'aquí hay algo'. Es parte del desarrollo profesional, te sale innato", hace ver la guardia civil. 

Conchi también aprendió a diferenciar "entre una persona que se pone nerviosa porque evidentemente un agente de autoridad impone y eso no le es agradable a nadie, y entre una persona que está pensando ‘ups’ me han pillado".

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