Muere Manolo Porras, uno de los guardias civiles que más combatió la corrupción en Mallorca

Luto en la Guardia Civil

Necrológicas 06/03/2024 GDH Digital GDH Digital
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Manolo Porras - Descanse en paz

Ha fallecido a los 63 años de edad Manolo Porras, uno de los agentes que más ha combatido la corrupción en Mallorca en los últimos treinta años. De hecho, el funcionario fue clave en las investigaciones del 'caso Petrov', 'caso Romanov' y, más recientemente, en la detención de Bashkim Osmani, presunto capo arrestado en 2022.

Porras nació en Madrid y su familia era de origen gallego, pero llevaba toda la vida en Mallorca. De hecho, siempre decía que se sentía mallorquín. En los noventa formó equipo con los míticos Bartolomé del Amor o Marines Maimó, en el antiguo cuartel de Peguera y después en Calvià. Tenía una gran habilidad para las relaciones sociales y en aquel municipio contaba con infinidad de contactos, desde Portals, a Peguera o Palmanova. De ahí que fuera una pieza clave en el Grupo de Información.

Uno de los investigadores más fiables del Cuerpo

De hecho, Porras era una de los investigadores más fiables del Cuerpo: «Cuando empezaba algo, no paraba hasta que lo acababa. Era muy terco, en el buen sentido de la palabra», ha recordado este martes uno de sus compañeros. Pero, sobre todo, el guardia civil era un amigo leal. Que nunca te fallaba. Doy fe. También tenía «hermanos», como él los llamaba, fuera del Cuerpo. El investigador privado Carlos Valencia era uno de ellos. «No sé qué haría sin ti», le repetía, socarrón.

Cuando murió su esposa, hace unos años, sufrió un durísimo varapalo, que superó con la ayuda de sus tres hijos, a los que adoraba. La mafia rusa, del Este y la alemana siempre fueron sus grandes obsesiones y con sus brillantes investigaciones evitó que muchos de estos peligrosos clanes se asentaran en Mallorca, donde empezaban a blanquear dinero con hoteles y chalets de lujo.

La muerte de Manolo Porras deja un vacío irreparable en la Guardia Civil. El agente, un derroche de amabilidad e inteligencia, en sus últimos meses, no quiso que nadie se compadeciera de su enfermedad y cuando los amigos le llamábamos estaba igual de exultante que siempre. O más: «Hombre, qué alegría escucharte. Hoy hace un día precioso». Quería hablar de todo menos de lo suyo. Porque Manolo siempre fue así: un señor.

Descansa en paz, Manolo, y un fuete abrazo a familiares, amigos y compañeros.

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