El Supremo confirma 19 años de prisión para un sargento de la Guardia Civil por violar a una subordinada "de forma continuada"

Obligó a abortar a la agente cuando se quedó embarazada, y, a partir de ahí, comenzó a amenazarla y a forzarla a mantener relaciones sexuales

Tribunales 30/05/2024 GDH Digital GDH Digital
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Foto de archivo

El Tribunal Supremo ha ratificado una condena de 19 años de prisión a un sargento de la Guardia Civil que violó "de forma continuada" y maltrató a una subordinada durante cuatro años y medio, llegando incluso a darle un golpe en la tripa cuando se enteró de que estaba esperando un hijo suyo y a amenazarla con tirarla por las escaleras si no accedía a interrumpir el embarazo: "Saca eso de ahí, no te lo repito más... Vas a abortar ya, déjate de llantos".

En el relato de su sentencia, al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, los magristrados de la Sala de lo Militar del Alto Tribunal relatan las numerosas agresiones sexuales, vejaciones, humillaciones y malos tratos a los que tuvo que hacer frente la agente de un cuartel de Molina de Segura, Murcia, por parte de su superior.

Por ello, el Tribunal Supremo ha decidido confirmar la condena de este sargento a 13 años y medio de prisión por un delito consumado y continuado de violación en concurso ideal con un delito de lesiones psíquicas graves. Los hechos, acaecidos entre septiembre de 2010 y marzo de 2015, son, además, constitutivos de dos delitos de abuso de autoridad: uno en su modalidad de trato degradante a un inferior (2 años y 10 meses de prisión más) y otro de maltrato de obra, también a un inferior (otros 2 años y 8 meses de prisión).

Trato degradante y agresiones sexuales

La Sala explica en su sentencia que las conductas de uno y otro tipo se produjeron “no de forma aislada, sino sostenida en el tiempo; siempre, desde luego, operando sobre una misma guardiacivil subordinada y aprovechando el acusado la ocasión que le brindaba la relación de superioridad jerárquica sobre ella, llegando a obtener el sometimiento de la víctima a sus requerimientos sexuales mediante repetidos actos de trato degradante, insultos, amenazas e incluso maltratos físicos de obra”.

Uno de los ejemplos más claros del maltrato psicológico y de las amenazas, según explica el Alto Tribunal, es el que se dio la mañana del 10 de julio de 2012, cuando la agente se dio cuenta de que estaba embarazada.

Ese mismo día, el sargento acudió a su casa: "Se dirigieron a la cocina, donde [la mujer] le contó llorando lo que sucedía; la respuesta del acusado fue de enfado, empujando a la [víctima] contra el azulejo de la pared de la cocina, poniendo las manos en su pecho, a la vez que le decía: 'No me vas a joder la vida, ni vas a joder a mi familia, eso lo sacas de ahí, lo quiero fuera de ahí'".

Al no acceder, en los días que siguieron se sucedió el acoso, llegando a golpearle "en la barriga" y zarandeándola al borde de unas escaleras: "Lleva cuidado que te puedes caer... Vas a abortar ya. Te voy a hundir la vida". Dos semanas de presión después, la agente acudió sola a una clínica para interrumpir el embarazo.

Acoso y violaciones

A partir de ese momento, el sargento comenzó a hacer "numerosas llamadas" a la agente, que intentó "no coincidir ni quedarse a solas con él". A pesar de ello, considera probado el Tribunal Supremo, "se vuelven a repetir tocamientos no consentidos en los pechos, se producen llamadas nocturnas y visitas a la vivienda de la víctima con idéntico desenlace, es decir, con el [agresor] exigiendo mantener relaciones sexuales y la guardiacivil viéndose obligada a satisfacer sus deseos libidinosos".

En 2013, sin embargo, y en vista de que la mujer intensifica sus esfuerzos por zafarse de él, el sargento empieza a enviarle correos electrónicos insultándola, empleando para ello palabras en negrita y a gran tamaño con expresiones como: "MARRANA, CERDA, sinvergüenza, qué pena me das" o "Marrana, no he visto tía más marrana que tú; tienes el coño lleno de todo tipo de leches, qué asco".

Cuando los compañeros de la agente le ofrecieron tomar un café a la víctima para bridarle su apoyo, el sargento les envió mensajes del tipo: "Cuando él ha ido a tomar café, otros hemos puesto ya la leche", y, cuando se enteró de que había reportado la situación a la teniente al mando, decidió pasar a las agresiones físicas.

Un día, decidió llevársela, supuestamente de patrulla, a un descampado, donde se desabrochó el pantalón e intentó forzarla a hacerle una felación. Ante su resistencia, le golpeó la cabeza contra el volante, y, ya de vuelta en el cuartel, "fue al despacho [de la víctima] y le lanzó a su mesa un pañuelo con semen a la vez que le increpaba: 'Mira lo que te has perdido, marrana'".

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