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María Gámez, compareció este miércoles ante la prensa para informar que ha presentado su dimisión al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y lo hizo rodeada de cuatro tenientes generales
Opinión25/03/2023Lo primero: era obligado, absolutamente obligado que la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, presentara su dimisión porque nada menos que su marido -insisto su marido- ha sido investigado, antes se llamaba imputado, en un caso de corrupción que afecta también a dos de sus hermanos.
El marido de María Gámez, en concreto, era consultor de Job Management Liberty SL, que recibió ingresos de empresas, clientes suyos, que previamente habían percibido «cuantiosos» fondos, es decir, ayudas, de la Junta de Andalucía.
Uno de los casos, es el llamado «Santana Motor» de Linares (Jaén) por el desvío irregular de cantidades millonarias de dinero público de la Junta de Andalucía. Hasta 137 millones de euros llegó a transferir la Junta a la empresa de motores, aquejada de una crisis.
Entre los proveedores del grupo Santana de la que fue presidente el cuñado de María Gámez, Bienvenido Martínez, se detectó la presencia de Experience Management Group, que tenía como administrador único precisamente a éste, que había desempeñado diversos cargos públicos a la sombra de la Junta.
Pero en esa sociedad están presentes otros dos hermanos, entre ellos el marido de la Directora General de la Guardia Civil. Vamos, como para no presentar la dimisión fulminantemente. Si hay caso o no hay caso en lo que respecta al esposo de la ya ex directora general, eso ya se verá, pero de momento esa dimisión era obligada.
No se entienden, por lo tanto, los aspavientos del ministro del Interior, diciendo que alcanza «un nivel de ética y decencia democrática difícil de igualar» Hombre, tampoco es eso. En su comparecencia, el ministro ha manifestado no tener ninguna duda de la «honorabilidad» de Gámez y ha definido su renuncia como «injusta pero necesaria».
Eso está muy bien pero en la delicada situación en que se encuentra la Guardia Civil con las investigaciones judiciales en las obras de 13 comandancias, que afectan a dos generales retirados, Pedro Vázquez Jarava y Francisco Espinosa Navas, este último en prisión por las mordidas en las que también está imputado el ex diputado socialista Juan Bernardo Fuentes Curbelo, el tito Berni, convierten en obligadísima la dimisión de Gámez.
Pero lo segundo y probablemente más importante que su dimisión es lo siguiente: ¿Qué hacían allí plantados cuatro tenientes generales, el máximo nivel al que se puede llegar en la Guardia Civil, mientras la señora Gámez presentaba su dimisión por una presunta implicación de su marido en un caso de corrupción?
¿Hemos perdido el sentido? ¿Qué significa eso? ¿Que los cuatro tenientes generales avalan con su presencia la honorabilidad de la señora Gámez o que lo que hacen es respaldar que ella presente su dimisión? ¿O, por el contrario, están allí porque son solidarios con el marido de la señora Gámez? No se entiende nada. Y menos aún que les hayan llevado para hacer fondo, que estuvieran allí de decorado.
Ese es un asunto que debería haberse sustanciado en solitario, la directora general con su atril y, a todo tirar, con el ministro. Pero nada más. Porque poner allí a los cuatro altos mandos de la Guardia Civil se presta a disquisiciones nulamente convenientes y del todo injustas.
En la Guardia Civil hay de todo, como en la vida. Pero es un cuerpo admirable al que de vez en cuando, muy de vez en cuando, hay que extirpar algún cáncer.
Esta señora ostenta el dudoso honor de haber destituido al coronel Diego Pérez de los Cobos sencillamente por haber cumplido con su deber. Que lo hiciera por orden del ministro no le resta ni un ápice de responsabilidad en la tropelía.
Hay que tener más cuidado en cómo se montan estos espectáculos. La participación allí de esos cuatro altos mandos estuvo totalmente fuera de lugar.
Uno de los grandes problemas que tiene la Guardia Civil y que ningún gobierno se ha atrevido a tocar, es el hecho de que los ascensos al rango de General se diriman y decidan en Consejo de Ministros. Ese hecho convierte a los generales de la Guardia Civil, y por ende de las Fuerzas Armadas, en títeres políticos al servicio del gobierno de turno.
Los generales han pasado de ascender por méritos y capacidad a hacerlo por afinidad y sumisión con el gobierno de turno aunque para ello tengan que ensuciar la noble institución de la Guardia Civil.
Sólo esa afinidad, esa sumisión y esa complacencia con el gobierno que los nombra, puede explicar el hecho de que esos cuatro "lameculos" se hayan bajado los pantalones para acompañar a una directora general que dimite por casos de corrupción en su entorno familiar.
En eso y para eso han quedado los generales de la Guardia Civil.
"GDH Digital" - Diario Policial
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